Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited):
Adiós:
una renuncia y un hasta luego.
El director Wes Anderson nos hace
entrega de otra de sus obras cinematográficas con su ya característico sello,
donde nuevamente nos encontramos con la presencia de actores icónicos de sus
producciones como Owen Wilson, Bill Murray, Anjelica Hudson y Jason Schwartzman,
con quiénes ha trabajo en ocasiones anteriores.
A modo de road-movie, se nos muestra la historia de tres hermanos: Francis
(O. Wilson), el mayor de ellos, que es quién organiza el viaje, Peter (Adrien Brody)
el hermano “sándwich” cuyo matrimonio, que está al borde del divorcio, da un
giro inesperado con la sorpresiva llegada de un bebé; y Jack, el menor de los
tres –no sólo en tamaño, sino también en edad– cuya relación con su novia –que
podemos ver con anterioridad al filme, en el cortometraje Hotel Chevalier– ha sido desastrosa y aún no supera la separación;
que emprenden un viaje espiritual a fin de estrechar nuevamente sus lazos como
familia.
Con bellos paisajes de la India y
un viejo tren como escenario principal, los personajes emprenden ese viaje de
reconciliación donde cada uno de los pasos que dan están programados, hasta que
un buen día, y gracias a sus problemas conductuales, hacen que sean echados del
tren obligándolos a continuar con el recorrido por su cuenta propia.
Será hasta ese momento que el
verdadero viaje comienza, ya que los tres hermanos deberán lidiar no sólo con
sus problemas personales, sino con situaciones sin resolver, principalmente con
la muerte de su padre y el abandono de su madre.
Con ese giro inesperado, Anderson
nos plantea dos nuevos temas: el triunfo del fracaso y un adiós de renuncia;
pero de ahí en fuera, sólo es un nuevo refrito de este director. Nuevamente nos
habla sobre familias destruidas –enfatizando en la no aceptación e
irresponsabilidad por parte de su madre, una recién monja –, falta de cariño y
obsesión con objetos cotidianos –en este caso, con las pertenencias de un padre
ya fallecido–.
Así, vemos que conforme la
historia avanza los tres hombres toman decisiones en sus vidas personales que
ayudan a re generar sus lazos perdidos y que los lleva a la determinación de
saber si son o no, capaces de salvar lo
que queda de su familia. El fracaso de ese intento se nos presenta cuando la
madre huye nuevamente para evadir su realidad, lo que deja a estos tres
personajes sumidos en una melancolía y decepción total –situación que
propiciará la postergación de este director y sus películas–. Aquí es cuando
aparece el adiós como renuncia.
Sabiendo que sus dos figuras
paternas son ya inexistentes, deciden decir adiós a su pasado, adiós a esos dos
hombres que nunca estuvieron ahí para dejarles ver que la verdadera familia que
tanto necesitan son ellos mismos.
A pesar del refrito eterno, este drama/comedia no es para todo el público. La selección de los temas y ese toque de humor e irrealidad que tejen una trama diseña especialmente inteligente por Anderson, hace que sólo un público selecto -que guste tanto del cine de este director como de las temáticas- reciba su mensaje. Sin duda alguna, este filme penetrará corazones y mentes alrededor del mundo, haciendo que los espectadores se identifiquen tanto con la historia como con los personajes, llevándolos a una reflexión sobre su situación personal y familiar, así como su qué hacer en el mundo.
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